Las Ballenas Jorobadas y el Hombre o de La Expiación

La expectativa

El día llegó y gracias a la invitación que me hizo la C.V.C salimos rumbo a Buenaventura, el principal puerto Colombiano sobre el Pacífico, para hacer parte del lanzamiento de la temporada de avistamiento de Ballenas 2019; aunque a medida que nos acercábamos el clima no se avizoraba como el mejor la expectativa era total. Cada vez mas cerca de las ballenas Jorobadas. Todos hablaban de sus experiencias anteriores y que tipo de fotografías querían tomar; en mi mente hacia un repaso del guion que había escrito para llevar a cabo mi proyecto “Las Ballenas Jorobadas y el Hombre”.

Ya en Buenaventura aprovechamos parte de la tarde para hacer algunas compras y visitar el sector del malecón; cada equipo de trabajo de los diferentes medios de comunicación que viajábamos estaban reunidos poniendo a punto detalles y esperando el evento de la noche en el cual se presentarían un grupo de mujeres “Cantaoras”; no esta mal escrito, así se le llaman a las mujeres que en esta región del país entonan los diferentes tipos de cantos según sea la celebración que lleven a cabo. La tarde caía y el cielo cada vez más plomizo nos hacía dudar del día de mañana, todos miraban hacia arriba y sus expresiones no eran las mejores, de toda manera el optimismo vencía por momentos.

Una hora antes de la cita que teníamos para ver el atardecer la mayoría estábamos refugiándonos de la lluvia en una cafetería que está ubicada en el malecón hablando de cosas, había risas, personas que nos observaban revisando nuestras cámaras y drones; el calor y la humedad hacían de las suyas, pero la expectativa seguía intacta. A esta altura y escribiendo este texto, el día después, estoy seguro que habría sacrificado el atardecer, pero las fotos ya están; y si la lluvia menguo y en masa nos fuimos a la terraza del Hotel Cosmos donde nos pusimos de frente al sol.

El marco se describe de manera sencilla: una gran masa de nubes que viajaba del océano pacífico hacia el continente, la cual por no mas de 45 minutos se rompió y abrió un gran boquete en el cielo y quedó sobre nosotros; la sociedad portuaria de Buenaventura a la derecha, a la izquierda la zona del malecón detrás una gran entrada de mar con una isla como cierre de esta composición y bien al fondo el sol que se abría paso entre las nubes, aquellas que no dejaría de mojarnos con su lluvia; el astro rey caía rápidamente y ese color amarillo-anaranjado se imponía sobre la bahía. Las fotos llegarón y a eso de las 6:24 pm el instante preciso en el cual el sol se ocultaba, de nuevo ese rocío de agua nos caía y se convertiría en una fuerte lluvia.

El malecón y sus presentaciones ya estaban dispuestos y la lluvia no menguaba; entre sonidos de bombos, cununos, marimbas y guazas la gente se reunía y extrañamente disfrutaban. Porque en medio de la lluvia permanecían, algunos con paraguas otros escampando en carpas y los demás por ahí, deambulando y sintiendo la lluvia caer sobre ellos. En el momento de mayor intensidad de la lluvia, mientras se presentaban un grupo de músicos juveniles y esperábamos a las Cantaoras, observé al lado derecho del lugar donde me encontraba y vi en unos columpios a dos niños jugando disfrutando del vaivén totalmente empapados y sin muestra de querer refugiarse de la lluvia. En ese instante la presentadora del evento dice “aquí en Buenaventura estamos acostumbrados a mojarnos y disfrutar con la lluvia” así me daban respuesta a eso que normalmente yo le huyo, a la lluvia y a dejarme mojar de ella.

La noche terminaba y la expectativa seguía intacta, aunque la realidad decía otra cosa; solo quedaba descansar porque el día esperado llegaría, sin saberlo La Expiación se aproximaba.

La Expiación

 7:00 am, esa era la hora del encuentro en el muelle para desayunar y salir rumbo a Juanchaco donde se desarrollarían una serie de actividades entre ellas el avistamiento de las ballenas jorobadas. Efectivamente pasado el desayuno nos embarcamos en las lanchas que la C.V.C tenia dispuestas para todos nosotros y la aventura apenas iniciaba.

Mientras esperábamos la orden de salida para nuestra lancha el tema de conversación era el mismo y todos coincidíamos en querer tomar la fotografía de este inmenso mamífero, el mas grande del mundo animal, en vuelo mientras sale despedido del agua y permanece en el aire por un par de segundos.

En el guion que había escrito y que llevaba guardo en un archivo PDF en mi celular aparecían las siguientes fotografías que quería lograr: Saltos, Colas, Nivel, Personas observándolas, Expulsando agua a nivel, Salto con lancha al fondo, Madre e hijo, entrando al agua mostrando su joroba. Estas ideas estaban mi mente mientras esperábamos la salida, pero también tenía presente la conversación que previamente había tenido con Raúl Palacios, reportero gráfico del diario El País, donde me contaba sus anteriores experiencias fotografiando las ballenas y me desilusionaba un poco al reconfirmar que era cuestión de suerte lograr la anhelada foto, el salto de la ballena, además que el tiempo era ínfimo; fue cuando me contó que las fotografías que están en el hotel Maguipi, las cuales yo las había visto en esta semana santa, estas las había tomado un fotógrafo Alemán que había estado cerca de dos meses en el hotel y salía en faenas de hasta 8 horas diarias para lograr las 5 fotos que mantiene expuestas en este lugar.

Con esa referencia y el cielo cada vez mas lleno de nubes partimos rumbo a Juanchaco; pero debo confesar que esta oportunidad era mi primera vez en llegar hasta este sitio, nunca había querido ir por evitar el sector del Paso del Tigre, lo más lejos que había decidido llegar era hasta Maguipi y esa oportunidad que lo hice el mar estuvo muy calmado.

Pero salimos y el horizonte no se divisaba a pesar de eso todos íbamos con nuestras cámaras en la mano listos para registrar aquello que se nos presentara en el camino; de la salida del puerto pasaron tal vez unos 10 minutos donde alcance a tomar dos fotos y fue cuando la brisa de lluvia se empezó a sentir y decidí guardar mi cámara en la bolsa plástica que había dispuesto para este momento; en este instante me dice la persona que viajaba a mi lado “mira esas nubes que hay al fondo… nos va a llover” y dicho y hecho.

Todos se empezaban a mojar por la lluvia y el viento se hacia presente, las olas golpeaban mas fuerte contra la lancha y el agua entraba como a baldados; algunos gritos se daban entre los ocupantes mientras la lancha encontraba vacíos de agua y caía fuertemente contra el mar. Pasábamos frente a la Bocana y las cosas se complicaban cada vez más.

Mi referencia era Maguipi y la tranquilidad con la que viaje de ida y regreso, pero en esta oportunidad la tranquilidad se convirtió en nervios. Las olas muy fuertes, el viento y la lluvia y obviamente el pensamiento de “yo porque vine por acá” y de inmediato surgía “si así es la ida cómo será la venida”. Al paso por Maguipi todo era un gran riesgo y mi temor crecía porque tenia claro que pasando por este sitio debía enfrentar mi mayor miedo “El Paso del Tigre”. Puedo describir esta experiencia como escuchar el Bolero de Rave que va de a poco aligerándose y llega al punto máximo con sus vientos, percusión y redoblantes donde la emoción de quien lo escucha lo lleva a hacer movimientos con sus manos y brazos simulando ser un director de orquesta. Haciendo el símil, iniciar el Paso del Tigre fue empezar a sentir que la orquesta tomaba fuerza y llevaba las emociones a su máxima expresión y pasarlo con éxito para llegar a nuestro destino fue un éxtasis total.

En este éxtasis nadie reía, las caras de las personas que ocupaban la embarcación se transformaron y el pánico se apodero de todo el mundo. Algunos buscaban su placebo de seguridad agarrándose del espaldar de adelante, otros se aferraban al borde de la lancha, había quienes se abrazaban fuertemente a su compañero; yo solo me aferraba fuertemente del espaldar de adelante y veía las maniobras que hacia el Capitán. Él observaba hacia los lados, ponía su mirada al frente y en algunos momentos daba una mirada a toda la gente que transportaba.

El mar se agitaba y con seguridad todas las personas recordaban al Creador; yo también lo hacia y en medio de las aguas turbulentas del Paso del Tigre recordaba el pasaje de la biblia en el cual Jesús acompañaba a sus discípulos en una salida al mar y mientras ÉL dormía se desató una gran tormenta. (Mt 8:23-27) En se momento lo despiertan y le dicen que están en peligro y que perecen y Jesús los reprende y se pone frente al mar y le ordena calmarse. Fue entonces cuando en medio de la situación, comprendí lo importante que es mantener cada vez mas fuerte, así como el oleaje, mi relación con Dios.

El paso del Tigre en una combinación casi perfecta de Lluvia, viento y marea en subida sirvió como Expiación para todos. El se encargo de poner las cuentas claras, recordarnos lo frágiles y vulnerables que somos. Por fin llegamos a Juanchaco y la expiación apenas iba por la mitad; aun hacia falta regresar y el viento no menguaba, aunque la lluvia sí, el sol se asomaba tímidamente ni sombra de aquel que se había dejado ver abriéndose paso entre las nubes la noche anterior.

Todos rondaban las calles de esta población y hacían parte del trabajo encomendado por sus medios, pero se sentía una tensa calma entre todos nosotros. Estoy seguro que cada uno a su manera se puso frente al mar, lo observaba y pensaba en la manera como sería el regreso; también estoy seguro que muchos pensamos que nos libraran de ese regreso evacuándonos en helicóptero, aprovechando que la gobernadora estaba en el lugar; tal vez otros preferirían que declararan cerrado el muelle y que ninguna embarcación zarpara hasta el día siguiente.

Pero como no hay deuda que no se pague ni día que no se llegue a todos nos llego el momento y el muelle no fue declarado cerrado, ni el helicóptero nos evacuo, a todos nos tocó subirnos en nuestras lanchas y tomar camino de regreso. Ahora sí y sin timidez, pero a su manera muchos se pusieron en manos de Dios. El mar se sentía agitado, pero no como en la mañana cuando llegamos. La expiación comenzaba su final.

La lancha en la que viaje fue la segunda en zarpar y con nervios le pregunte al capitán ¿Cómo ve al mar? ¿muy agitado? Y el sonriendo me responde esta tranquilito, apenas finalizando de responder le pregunte ¿Capitán, hace cuanto tiempo usted hace este trabajo? Y otra vez entre sonrisas esta vez me mira a los ojos y me dice son como 20 años. El momento comenzó y ahora mi meta era pasar por Maguipi lo más pronto posible; pero de Juanchaco a Buenaventura primero se debe pasar por el Tigre.

Estoy casi seguro que los ocupantes de la segunda lancha fuimos Expiados en su totalidad a la ida, sin importar en cual lancha viajaron, porque nuestro regreso a diferencia de la ida fue más tranquilo. Hubo olas grandes y un par de momentos en los cuales el Capitán Polo mostró su pericia, pero pasamos mi punto de referencia para estar en lo que llame el mar de la tranquilidad (Maguipi), vimos al margen izquierdo a la Bocana y por fin al fondo las grúas de carga del puerto de buenaventura; y llegando de nuevo la lluvia que fue protagonista en toda esta aventura.

Al muelle llegamos y todos exhalamos un suspiro que nos ponía de nuevo en tierra firme y como si se tratara de pasajero que aterrizan después de un viaje en avión todos al unísono aplaudieron y pusieron sus pies en tierra. Al llegar al hotel ya habían llegado los compañeros que viajaron en la primera lancha y su experiencia fue horrible con el mar; de igual manera los que llegaron en la tercera lancha, con el mar picado y la lluvia fuerte; en cambio a nosotros nos fue bien ¿nos pusimos a cuentas y recordamos nuestras fallas?, tal vez

Las ballenas ya fueron vistas en la zona que visitamos por los pescadores, pero en la salida que hicimos para hacer el lanzamiento de la temporada de Avistamiento de Ballenas 2019 ninguno tuvo la oportunidad de verlas, pero todos si fuimos Expiados unos más que otros.

Visita nuestro perfil en Instagram para ver la galería de fotos https://www.instagram.com/p/Bz8zK5GDYgW/

 

Anuncios

Hacienda Cañasgordas – Cali

“A principios del mes de marzo de 1789, un sábado como a las cinco y media de la tarde, tres jinetes bien montados salían de Cali, por el lado del Sur, en dirección a la hacienda de Cañasgordas.”
Tomado de libro Alférez Real
Eustaquio Palacios

La Hacienda Cañasgordas es el lugar donde se desarrolló la historia que Eustaquio Palacios nos contó en su novela “El Alférez Real”. Está ubicada al sur de la ciudad de Cali y fue construida en días donde no se sabía del desarrollo urbanístico de nuestra sultana del Valle hacia esta zona.

Don Manuel de Caicedo y Tenorio silenciosamente vio pasar el tiempo y lo que en otrora fue su residencia, una casa llena de lujos, con muchas personas que la habitaban, por la cual pasaban muchos visitantes y se llevaban a cabo grandes reuniones sociales; el tiempo se tomó el trabajo de hacerse propietario de ella a pesar que existían quienes podían cuidarla y mantenerla digna como fue al inició de sus días, también el tiempo y el descuido hicieron de las suyas.

Cañasgordas era la hacienda más grande, más rica y más productiva de todas cuantas había en todo el valle a la banda izquierda del Río Cauca. Su territorio era comprendido entre la ceja de la cordillera occidental de los Andes y el Río Cauca, y entre la quebrada de Lili y el Río Jamundí. mLa extensión de ese territorio era poco más de una legua de norte a sur, y varias leguas de oriente a poniente”. Tomado textualmente del libro El Alférez Real.

 

TOUR VIRTUAL

Visita el tour Virtual

Si expresáramos estas medidas hoy en día tendríamos que decir que la hacienda se extendía desde la vorágine en Pance hasta el Río Cauca, aproximadamente la zona que ocupa el corregimiento El Hormiguero; entre el Río Lili, que pasa por las oficinas de venta de la constructora Meléndez hasta el Río Jamundí el cual cruza un par de metros después de la entrada a la urbanización el Castillo; así nos podemos ubicar en la actualidad y comprender el tamaño que tenía este lugar.

Como decía al inicio, el tiempo empezó a pasar y la extensión de la Cañasgordas se fue reduciendo hasta quedar en lo que vemos hoy en día; una gran casona de tipo colonial a la cual el tiempo en compañía del descuido le pasó inclementemente.

Tal vez usted que está leyendo este artículo en el año 2019 no se percató del estado en el que se encontraba este icono de nuestra ciudad, y hoy solo ve lo que la restauración nos muestra, pero basta con decir que este sitio estuvo casi destruido, venido abajo en algunas de sus zonas y convertido en un potrero de vacas; en este caso la culpa no es de la vaca.

Hoy tenemos la oportunidad de ver en su máximo esplendor esta joya de la arquitectura colonial de Santiago de Cali, la cual es un baluarte cultural de nuestra ciudad que abre sus puertas para que la visitemos y tengamos la oportunidad de viajar en el tiempo y pararnos en un sitio que está lleno de historia; cada metro cuadrado que pisemos en la restaurada Cañasgordas tiene algo que contarnos, pararnos en sus balcones y divisar al horizonte nos permitirá ver lo basto que era su territorio, aunque hoy en día esa mirada se obstaculiza por los edificios que hay alrededor.

Ahora podrán cerrar sus ojos y hacer un recorrido por nuestra Cali de principios de siglo XVIII, imaginar esa pequeña villa con una Iglesia como La Merced, el Río Cali cruzando la ciudad y el viento recio de las tardes, las calles empedradas como lo relataba Eustaquio Palacios, La iglesia de San Antonio puesta como vigilante en lo alto de la colina con un incipiente barrio alrededor de ella y nuestra emblemática Hacienda Cañasgordas al Sur de la Sultana del valle.

Ella está de nuevo en pie, está de vuelta y viene con más de un siglo de historias por contar, porque aunque estuvo convaleciente, ella nunca perdió la memoria y los cuidados intensivos le dieron la oportunidad de escudriñar en lo más profundo de su territorio para que hoy en pleno siglo XXI, se presente a nosotros y cual viajera del tiempo nos relatará su historia en voz de aquellos que se dedicaron a estudiarla a desenterrarla de donde había quedado y la de nuestra Cali bella que creció y hoy se convirtió en la ciudad más importante del sur occidente Colombiano.