Petronio, un festival que despierta los cinco sentidos

Folclor y sabor, al ritmo de sabores y saberes

Por Mónica Saa Roatta
Comunicadora Social Periodista

_MG_9807La ciudad de Cali ha sido durante 20 años la anfitriona para la realización de uno de los festivales más reconocidos de música del pacífico a nivel de Latinoamérica. Es un evento de talla internacional donde cientos de personas disfrutan de las tradiciones de ésta región tan querida por todos. En diferentes escenarios se ha llevado a cabo éste encuentro social y cultural que reúne el folclor, el arte, las historias, las creencias y prácticas  del pacífico colombiano.

Este año el festival de Petronio Álvarez en su versión XXI, se realizó en la Unidad Deportiva Alberto Galindo, fue el lugar que abrió sus puertas para construir los diferentes escenarios que me permitirían hacer un recorrido, para encontrar el verdadero significado que tiene el festival; tanto para las personas oriundas, como para los turistas que llegan de todas partes.

“Petronio en cinco sentidos”, fue el tema de motivación para relatar a través de experiencias de vida la esencia de éste festival. La primera persona que encontré fue a la señora Inés Salomia que con su voz fuerte y pausada motivaba a las personas para que visitarán su estand, decía, “aquí se venden las bebidas tradicionales y afrodisiacas, encontramos el arrechón, el viche, el tumba catre, la tomaseca”, “sabores del pacífico que mezclan diferentes plantas”;  para la señora Inés, el Petronio es un sentir que corre por la sangre de las negritudes, es el olor a sus ancestros y el conservar las creencias de los antepasados.

 Por el mismo camino encontré a la señora Lucía Solís que desde los siete años aprendió la mezcla de semillas, raíces y bejucos; con su sabiduría y conocimiento contaba que las esencias de plantas ayudan a mejorar la salud. Mientras relataba sus historias, sacó una botellita que contiene vino de Naidy,  los visitantes que la probaron, comentaron que sentían el sabor agridulce,  pastoso y  amargo,  y que al final perduraba el dulce de la fruta exótica. “Petronio es renovar nuestras raíces; es la puerta que abre al mundo entero, es penetrar en el corazón de la gente, como el olor fuerte y fermentado de la fruta Naidy, el sabor de nuestra tierra”, con esta frase da a conocer la señora Solís lo que para ella significa el festival de Petronio.

Mientras continuaba el recorrido, lo interrumpe abruptamente un grupo de jóvenes danzarines, gestores de paz, que con su música y melodías impregnaban de alegría a las personas que estaban degustando diferentes platos típicos de la región, traían un mensaje de paz y amor, con algunas frases que repetían “nada que no se arregle con un chontaduro” “somos pacíficos estamos unidos”, “todo lo del pacifico enamora”, Cali ciudad pacífica”.

Cada vez que iba adentrándome en el lugar, se despertaba cada uno de mis sentidos; los olores, los sabores, el retumbar de las marimbas, la belleza de la gente con sus trajes de colores y turbantes, era un deleite que disfrutaba. A lo lejos encontré una mujer negra y robusta, con su mirada cautivadora y tierna me indujo a sentarme a su lado para conversar un poco; Cielo Moreno era su nombre, representante de las mujeres chocoanas; seducía los olores que salían de su cocina, el seviche, pescado, tostadas, un manjar de platos representativos de su región.

Con un suspiro empezó su relato  “Petronio son los recuerdos que traemos de nuestras madres y abuelas; quienes nos enseñaban a usar finas hierbas y a cocinar a fuego lento y con sabor a leña”. La comida reunía a la familia y se combinaban diferentes ingredientes, como el banano, con queso costeño, carne con sal de nitro, cilantro, y refritos; plato que su hermano bautizo marangula.  En una palabra para mama Cielo, como le suelen decir, Petronio es exquisitez. En la mesa que nos encontrábamos platicando, nos acompañaba una de las tantas visitantes que no se pudo aguantar a participar en la conversación, ya que nos quería compartir por medio de un escrito un suceso que le causaba un gran dolor, fue un momento conmovedor porque llego a su mente los recuerdos de su madre que ya había partido de esta tierra hace dos años. En ese momento el festival de Petronio se tornó a poesía, a recuerdos, a tertuliadero, a  sensibilidad. Y sin nada más, Carol Ximena Ortiz nuestra acompañante empezó a relatar el escrito que le había dedicado a su madre Elvira Monzón Ortiz.

“Al ritmo de sabores y saberes, en la casa siempre había música, ella explicaba que en la calles de su pueblo era normal oír tambores, que la gente salía con prisa buscando lo mejor de la cosecha y preparar el pusandao que llevaba en sí mismo el sabor de las abuelas. El plátano se compra grande, la carne serrana es la mejor para el sabor, prepararlo es un paseo amarraba a la gente con la gente y crecía el amor. El arroz con queso, creía ella que surgió en casa cuando ya no había más para preparar solo amor para alimentar a la familia. Y ahí nació esa delicia. El tapao era también una estrategia de salirle adelante a la pobreza: agüita, pescao, cebolla y plátano. Que más saber, que ganarle la partida a la vida”.

Un poco de silencio surgió en la mesa por respeto a la memoria de la señora Monzón Ortiz , y fue así como  nos dimos cuenta que Petronio hace tributos a la familia, a las costumbres, a las raíces, a la alegría, al llanto, a las olas del mar,  al orgullo de las raíces. Es la convergencia de todos los sentidos del pacífico como dice el poeta Alfredo Vanín Romero.

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