El Libro y El Viaje en el Tiempo

El Centro Histórico de Cali, a la rivera del Río que lleva el mismo nombre de nuestra ciudad, fue el lugar que se dispuso para recibir en este año (2016) a la Feria Internacional del Libro que contó con el Ecuador como país Invitado. El Boulevard del Río y El Puente Ortiz no habían podido ser el mejor lugar para recibir este evento lleno de cultura y letras.

Un espacio para todo tipo de gustos; los mitos y leyendas, los músicos al final de la tarde, los conservatorios con los escritores, el stand de los comics y lo que a gusto personal fue el Hit de esta edición de la Feria del libro EL PONCHERAZO, Fotoagüita, que se robó las miradas, admiración y recuerdos de quienes visitaron las carpas que albergaron a la Feria.

Estar en este lugar, donde las letras convertidas en palabras nos transportan a mundos mágicos llenos de aquello que nos apasiona se convierte en una experiencia que quisiéramos mantener durante más tiempo.

Leer y ser capaz aprender y ser transformador de nuestro entorno debe ser el producto final de ese acto mágico de comprensión lectora que tenemos las personas que le damos la oportunidad a un escritor de entrar en nuestras vidas; y es que la lectura debe actuar como el mejor de los antídotos que entran en nuestro cuerpo para aliviar aquellas dolencias generadas por el desconocimiento o la ignorancia.

En esta oportunidad visite la feria del libro en compañía de mi hija de tres años y para sorpresa mía el libro que ella escogió, después de leerle algunos, era justo el último ejemplar de aquel pequeño texto llamado “Mi Amigo El Abuelo” (Autor Francisco Delgado Santos) que relataba justamente un evento en nuestras vidas.

Mágicamente porque la lectura es magia… encontré con mi hija la composición de un autor que contaba nuestra historia y adicionalmente fue publicada y traída hasta la feria del libro para que mi heredera tomara el libro y sin saber leer me dijera “papito leeme este” y párrafo tras párrafo encontrar en esa historia nuestra historia.

También fue espectacular encontrar un stand con toda la colección de Comics con sus súper héroes y villanos. Ver a los adultos enseñando a los niños los detalles de cada personaje…quien es el bueno y el malo… cual es la trama de cada historia… decir si es de colección o no…en fin; la Feria Internacional del Libro sirvió para albergar en ella otro mundo espectacular lleno de colorido e historias fantásticas llamado el mundo del Cómic.

 

AHORA EL PONCHERAZO

Como si fuera poco haber encontrado un libro escrito por otro hombre que contaba parte de mi historia personal y un sin número de textos con contenido maravilloso y un ambiente lleno de conocimiento y sabiduría popular; y como si eso fuera poco otro encuentro de aquellos que serán inolvidables fue descubrir “El Poncherazo”; Un proyecto de recuperación de la memoria cultural que cobró vida en Medellín.

El Poncherazo es lo mismo que nosotros llamamos Fotoagüita,  o sea fotografía análoga así como se las tomaban mis bisabuelos y abuelos.

Estar parado en este lugar viendo el trabajo que hacen estas personas con su máquina de retratar, como eran llamadas en otrora, fue como viajar en el tiempo porque me permitió vivir el momento de tomarme una foto tal cual se hacía en la Plaza de Caicedo o en la Plazoleta de San Francisco o en El Paseo Bolívar o en el Parque de San Nicolás por allá en los años 40.

Tal cual se hacía en el pasado, así lo estaban haciendo nuestros fotógrafos del Pocherazo y lo más importante era que enseñaban a sus modelos improvisados como es el proceso para tener en nuestras manos la Fotoagüita… entonces estaba el pajarito; para decirle a sus modelos “aquí…aquí…mire el pajarito”; estaba la cámara fotográfica con su respectivo cajón que la hacía portátil, aunque grande en esos días, y con la cámara su respectivo pedazo de tela que le permitía al fotógrafo meter su cabeza al cajón que contenía a la cámara y poder ver aquello que estaba encuadrado para tomar; estaba el reloj de bolsillo con el cual se medía el tiempo de revelado de la fotografía porque el tiempo de exposición eran solo dos segundos, durante los cuales los modelos debían permanecer inmóviles esperando la orden del fotógrafo diciendo YA LISTO.

Una fotografía al estilo de mis abuelos tomada en plena era digital y compartida con todos aquellos que llegaban y sorprendidos decían “Mira una Fotoagüita” la cual nos permitía viajar al pasado y vivir el momento tan solo costaba $10000 (US$3,3); el costo era simbólico porque vivir el momento y contribuir para que El Poncherazo como proyecto continúe y llegue a otras personas no tiene precio.

Gracias a la Feria Internacional del Libro de Cali sus visitantes disfrutaron de una semana de magia expresada a través de las  palabras.

Para ver otras fotografías visita nuestro perfil en facebook

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